Esto se va a poner medieval

Sobre Infinity Pool (Brandon Cronenberg, 2023)

ENSAYOS

Mauro Zanier

7/22/20238 min read

La piscina infinita y la guillotina

Un hombre musculoso con la cara cubierta por una máscara de cuero, camina por la plaza del pueblo y en su mano lleva la herramienta que separa la vida de la muerte. La guillotina creada por Joseph-Ignace Guillotin es quizás el más poético y materialista de los elementos creados por ruptura del mundo antiguo ante el nacimiento del mundo moderno. El asesinato 'legal', anterior a la revolución francesa, derivaba del antiguo sacrificio ritual del cual va a conservar la mística y elementos del mundo sagrado. En esta ceremonia de la muerte divinamente ordenada el monje negro personifica la voluntad de los dioses. Ante el ascenso de la república en la Francia revolucionaria, se dió lugar a una muerte dictaminada por el estado y decretada por la realeza. La guillotina no sólo suprime la responsabilidad directa del verdugo sino también la culpa y la discrecionalidad de la decisión. La muerte, ahora hija de la revolución y la eficiencia tecnológica, logra sistematizar un dispositivo que suprime el dolor y el tiempo para la agonía. Desvincula a la orden, al sujeto y a su ejecutor mientras que transforma al antiguo verdugo en un obrero o un técnico de la muerte.

La piscina infinita que Brandon Cronenberg construye es el otro elemento basal para su discurso sobre la serialización de la muerte. No hay desborde si el fin es desbordarse constantemente. De forma imperceptible el director va llenando el film cual piscina infinita dentro de la cual logra sumergirnos y de la que querremos sacar la cabeza para respirar, aunque sólo podremos estar a su merced. El mecanismo construido permite al director que el caudal nunca pierda fuerza, porque la piscina de imágenes se desborda cíclicamente y solo conseguiremos sentir más y más presión hasta que su voluntad sea apagar la cámara. El verano ha acabado.

El ingreso a la piscina

James Foster (Alexander Skarsgård) y su esposa Em (Cleopatra Coleman) conocen a Gabi (Mia Goth) y a su esposo Alban Bauer (Jalil Lespert) durante una cena dentro de un resort en un país ficticio que pudiera ser la conjunción cultural entre Asia y África. Tras la invitación de Gabi y Alban, James y Em se dejan llevar a una tarde en una playa desierta fuera del complejo fuertemente custodiado y del cual no tienen permitido salir. Los excesos de comida y de alcohol llevan a un primer cruce entre el placer y los desechos: Gabi masturba a James mientras este orina sobre las piedras. En su regreso de noche conducen alcoholizados, lo que desemboca en el choque y muerte de un transeúnte nativo. Gabi y Alban, conocedores de los riesgos y penas por el asesinato cometido, logran convencer a unos aturdidos James y Em de huir de la escena y ocultar el hecho. A la mañana siguiente la policía que ha descubierto el asesinato detiene a James y Em, y los trasladan a una cárcel que pareciera ser un reducto por fuera de la ley como la entiende el occidente colectivo.

El asesinato en cualquiera de sus formas, sea voluntario o accidental, es penado con la muerte en este país 'tercermundista'. No obstante, James y Em podrán acceder a una iniciativa gubernamental para el turismo gracias a la cual, pagando un monto establecido para estos casos y accesible para gente de su posición económica, se les permite crear un doble idéntico en físico y en conciencia que será sacrificado en su lugar para satisfacer así el ansia de justicia de la familia del damnificado. Otro requisito menor, pero no menos importante, es que luego de someterse a la clonación de James, todos deberán participar de la ceremonia de sacrificio del doble, en la cual un familiar de la víctima lo apuñalará para restituir el honor. James asiste al sacrificio con una mezcla de placer y asombro al tiempo que Em solo quiere terminar con la pesadilla. Como corolario del ritual, el oficial a cargo del caso obsequiará a James una vasija con los restos cremados de su clon. Al regresar al hotel, Em empieza a armar su bolso para irse inmediatamente del país y volver a casa; James, entre desorientado y fascinado con la urna de sus cenizas, le dice que perdió su pasaporte.

Tanteando el agua

Em decide esperar que James encuentre su pasaporte y así poder irse juntos, pero él, sin mucho interés por la pérdida, decide ir al bar. Allí, Gabi se le acerca y le invita un trago para explicarle lo sucedido. Luego de contarle cómo fue que ella y Alban accedieron a su primer sacrificio de dobles, le sugiere ir a una fiesta en la habitación donde habrá más gente que conoce sus secretos. Sacrificados por sodomía, por hurto, por accidentes no tan accidentales, este grupo, del que ahora James forma parte, ha accedido al sacrificio de sus clones como otro divertimento frívolo permitido por sus ingresos y las iniciativas de estos 'países tercermundistas'.

A James le ofrecerán robar una medalla de la casa del hombre responsable de la primera ejecución de Albán y Gabi, a cambio de ayudarle a conseguir su pasaporte mediante contactos con el gobierno local. Esto es más bien una excusa, dado que James se siente fascinado por la muerte de un 'yo' que él mismo desprecia; escritor mediocre casado con una mujer adinerada que lo mantiene, encuentra en el asesinato de sus dobles la sublimación placentera que conlleva eliminarse a sí mismo, incluso existiendo la posibilidad de que, mediante un error, quien resultase suprimido no fuera el clon sino su 'yo original'. El sacrificio se presenta como el placer de perpetuarse en una forma nueva, y la posibilidad de inmolarse a gusto con un seguro de retorno.

El robo de la medalla ocurre en medio de una orgía sexual que termina siendo una orgía de sangre. Ungidos de máscaras rituales que parecen hechas de carne mutilada, los protagonistas huirán de la escena y tendrán sexo grupal entre los cuerpos lacerados en un todo indiviso de alcohol y éxtasis. La fiesta de la carne, la muerte, el exceso, son bienes suntuosos de los cuales sólo rendirán cuentas a la mañana siguiente con la asistencia a una ejecución colectiva. La secuencia está narrada desde el punto de vista del grupo sacrificado que grita desaforadamente y trata de huir, pero descubren que al ser degollados por la policía la risa extasiada del grupo original estalla esquizofrénicamente ante la 'propia' ejecución.

Nadar hacia la guillotina

Em ese mismo día abandona el país dejando a un James que trae en su mano una nueva urna que coloca junto a la primera. Seguirán los días de excesos y orgias, de muerte y degradación, que se verán cada vez más envueltos en fluidos corporales y alcohol. El grupo sugiere a James secuestrar y matar al jefe de policía que estaría demorando la retribución del pasaporte. Jame accede y lo llevan al hotel; allí mea, golpea e insulta al supuesto jefe atado y encapuchado; le grita desquiciadamente. Mientras el grupo espera la ejecución, Gabi le quita la bolsa que cubre su cabeza y descubre a un nuevo clon de James. Éste, aturdido y drogado, busca huir del grupo. Gabi, con la misma frialdad de siempre, le revela que siempre estuvieron riéndose de él, que es su objeto de diversión durante estas vacaciones, que nunca fueron un grupo de amigos, que todo fue planeado como un juego macabro del cual él es protagonista. James toma el pasaporte que nunca perdió y trata de huir, pero Gabi y el grupo que dirige no van a permitírselo. Las vacaciones no han terminado y su proyecto de juego aún no está cumplido; perseguirán a James por todo el país con el objeto de conseguir que él mismo sacrifique a su propio doble. James, ya sin escape alguno y vapuleado, accederá a matarse, a asesinar a su doble, al que Gabi cuidó como a un animal salvaje. Luego, cae rendido y loco en los brazos de Gabi quien le ofrece su pecho cubierto de sangre para que chupe cual animal herido.

Las formas elementales de la vida religiosa

Durkheim, en su célebre trabajo sobre la religión, aborda no una arqueología de las religiones sino una exploración comparativa desde el mundo primitivo entre los elementos constitutivos de todas aquellas, tanto antiguas como modernas. En su trabajo descubre que la base del mundo religioso no está dada por un ordenamiento mayor o menor o por la sofisticación de los rituales, sino por la separación entre lo sagrado y lo profano. En su trabajo demostrará que no son universos diferenciados sino superpuestos, unidos y separados en un mismo plano por un complejo sistema de reglas, pautas, prohibiciones e indicaciones construídas por el colectivo social que les da vida como arquitectura ideológica, ordenadora de su realidad material en un momento dado. El sacrificio primitivo tanto como el moderno cumple una función específica y no es la que supone un acercamiento superficial al hecho: “El sacrificio no habría sido instituido en el origen para crear entre el hombre y sus dioses un lazo de parentesco artificial, sino para mantener y renovar el parentesco natural que los unía primitivamente. Aquí, como en otras partes, el artificio no habría nacido más que para imitar a la naturaleza.” (Durkheim E. 2016, Las formas elementales de la vida religiosa, 367pp)

En la desvinculación del mundo moderno con la vida divinamente ordenada, ante el ascenso de la materialidad industrial burguesa en oposición al mundo antiguo regido por el mito o la creencia, los sistemas sociales e ideológicos del capitalismo construyeron un 'yo' desvinculado, no sólo de los estamentos tradicionales sino de su representación de lo sagrado. La vida, la muerte y los lazos sociales de vinculación se transformaron en transacciones mercantiles despojadas de lo divino. El dinero y el poder se convirtieron en dioses de un sistema que se nutre de la explotación de sus miembros, subvirtieron todo acto y representación de la naturaleza individual y colectiva. La concentración cada vez más obscena de la riqueza y el acceso de los poderosos a los estados antes sagrados de la humanidad, pervirtieron todos los vínculos posibles en detrimento del 'yo' como sujeto humano. El mecanismo y la frivolidad del poder llevaron todo lo que otrora estaba protegido del accionar profano a una serialización comercial que nos posibilita acceder a ello sin la inmediatez del vínculo o la culpa. El desarrollo tecnológico de la medicina, de la ciencia y de la muerte, financiado por los mismos dueños de la riqueza, desplazó aún más el horizonte de lo que socialmente se puede imaginar como tabú, reservando para los estratos sociales más altos la impunidad que su poder les confiere. Todo ha sido subvertido: todo valor, toda tradición, todo lo sagrado es ahora un bien de consumo. Como dijera Marx: “todo lo solido se desvanece”.

La decadencia del sistema representada por Cronenberg Jr. no se trata del exceso del dinero o bien de la frialdad de la las clases altas; trabaja la noción misma de humanidad mutilada por un sistema de valores que decidió romper la noción misma de lo que nos hace humanos. El fascismo en Italia y el nazismo en Alemania crearon un vínculo material e ideológico entre el desarrollo técnico del capitalismo fordista con la eficiencia material de la supresión del otro. Ese imaginario técnico capitalista desembocó en las cámaras de gas, que se convirtieron en la herramienta deshumanizante por excelencia para el exterminio del otro que se presumía diferente y que era, al fin y al cabo, desechable. Si bien la contemplación del horror genocida apabulló a la humanidad tras el fin de la segunda guerra mundial, y logró desmantelar sus mecanismos de muerte, cobijó en su seno la idolología que la generó. André Breton, consultado por el fin del surrealismo tras la guerra, comentó que el objeto del movimiento era escandalizar al mundo, sacudirlo, despertarlo, y que ya nada podían hacer en un mundo en el cual el genocidio nazi había tenido lugar. En un mundo que se encuentra nuevamente sumergido en una crisis de representación política e ideológica, ante el nuevo ascenso de la frivolidad materialista de la riqueza concentrada en pocas manos, con una Europa que, una vez más, observa al resto del mundo como un otro indeseable, la pileta infinita de Brandon Cronenberg no es más que una postal de cómo el mundo posmoderno ha vuelto a mamar de la teta del fascismo deshumanizante.