La muerte del afecto

Sobre Crimes of the Future, de David Cronenberg

Nuria Silva

8/22/20222 min read

In a sense, pornography is the most political form of fiction, dealing with how we use and exploit each other, in the most urgent and ruthless way.

J. G. Ballard

Sobre la Crimes of the Future que David Cronenberg dirigió en 1970, Robin Wood escribió: “…la sexualidad ya se ha vuelto perversa, despojada de placer y vinculada con el desagrado y la enfermedad. (…) la narración verbal y la representación visual rara vez coinciden: el espectador debe trabajar para reunir los elementos”[1]. Sobre la Crimes of the Future que David Cronenberg estrenó este año podría reciclar las mismas palabras e ideas, salvando las distancias entre épocas, con sus respectivas preocupaciones coyunturales, y entre estilos, siendo la de 1970 una película experimental narrativa, mientras que la actual se desarrolla sobre una narrativa experimental (lo que cambia es dónde se afirma el tono de cada una). En sendas películas, reunir los elementos del modo en que, creo, Wood propuso, me lleva a una única respuesta: el desagrado es del espectador, mismo la ausencia de placer, la presencia de la perversión y la enfermedad.

Si las películas del canadiense son, sobre todo, experiencias que perturban la mirada (vale decir al ojo, órgano perverso por excelencia) más allá de lo que se le obligue a ver (como en las más cercanas al body horror) o de lo que se le oculte (como en las más psicológicas), es porque logran despertar el interés o la curiosidad por comprender el placer inalcanzable y hasta inconcebible de los cuerpos en pantalla para los cuales la enfermedad es arte, la cirugía es sexo y el horror es belleza. El o los crímenes que dan nombre a las películas se pierden en el tapiz general de desintegración humana, y en una y otra versión están directamente dirigidos contra niños: la primera termina con la posibilidad de un acto pedófilo que posibilite una nueva humanidad; la segunda, comienza con un infanticidio que pretende eliminarla.


Wood, en la misma crítica antes citada, concluye que “concebida positivamente, la «nueva carne» (…) sólo puede ser andrógina”. Con la nueva Crimes of the Future, criatura del siglo XXI que ha devorado a los gemelos ballardianos del siglo pasado (el sexo y la paranoia), Cronenberg redobla la apuesta: la carne es ciencia-ficción y sólo queda ser máquina, despertar a la esencia anti-natural de ser humano y abrazar la condición parasitaria frente a un mundo que, a su vez, emerge desde lo más siniestro de su inherencia.

[1] Publicado en Film9, Año 2, Agosto/Septiembre 94