Las diabólicas

Sobre El apego (Valentín Javier Diment, 2021)

Nuria Silva

12/14/20212 min read

Describir a El apego (o cualquier otra película de Valentín Javier Diment) por la sumatoria de los diversos géneros y estilos que reúne no alcanza para explicar aquello que sucede en la sutura y otros espacios invisibles de su forma cinematográfica. Entre el noir, el gótico, el giallo, el melodrama y el terror, atravesados por la lógica del cine de explotación y la comedia negra, la película se enriquece en el palpito de lo no visto ni nombrado. Diment más que amalgamar, los tensiona en la memoria cinéfila y subleva las narrativas.

Lo incómodo de El apego (o de cualquier otra película de Valentín Javier Diment) es la ausencia de coordenadas que nos dejen con la conciencia tranquila. El director se aferra a los aspectos más lúdicos de los géneros e inserta el dedo en la llaga de nuestra mirada eludiendo toda simplificación o maniqueísmo. La experiencia desborda porque no resigna el goce visual en pos de una postura crítica. Como bien dijo en una entrevista que realizamos con Juan Pablo Susel para Hacerse la crítica, a propósito del estreno de El eslabón podrido (2016): “Hago películas de sangre y minas en pelotas, si queremos ubicarnos en un territorio. Ahora bien, es un exploitation que opina sobre la explotación”. Su última película sostiene este principio y redobla la apuesta dando vida a un pródigo visual imparable. Cada decisión estética acompaña la lógica entera del relato y a su vez fluye con la libertad insolente de la que siempre debería gozar el arte.

A la historia nos introduce Carla (Jimena Anganuzzi), una joven que a raíz de una violación queda embarazada y busca abortar. En medio de la noche incierta, bajo la lluvia y con un taco roto, llega hasta el caserón de Irina (Lola Berthet), una obstetra que realiza abortos clandestinos. Debido al estado avanzado del embarazo, Irina le sugiere permanecer en la casa hasta dar con un matrimonio que quiera comprar a la criatura, ese gran fuera de campo inserto en el enigma que es Carla. A la Historia nos introduce la puesta en escena: estamos en los años setenta. El contexto elegido para situar la ficción no es sólo un telón de fondo, es un eco que retumba entre las sombras del comienzo, inmerso en el universo noir con tintes góticos, y emerge sin piedad en el melodrama kitsch y exacerbado de su segunda mitad. No necesita ser nombrado (como la criatura) para dar cuenta de su latencia: los silencios cómplices, las paranoias, la locura, la muerte y cierta impunidad resultan territorios familiares para los géneros con los que juega y para nuestra memoria, no sólo cinéfila.