Una tragedia interplanetaria

Sobre Under the Skin (Jonathan Glazer, 2013)

ENSAYOSCRÍTICAS

Mauro Zanier

10/5/20234 min read

Jonathan Glazer nos trae en su tercer film una historia sobre la ambigüedad y la identidad enmarcada en una tragedia interplanetaria. Under the Skin cuenta la historia de una criatura que, supervisada por sus compañeros alienígenas, viene a la tierra a buscar su alimento: hombres solitarios de los cuales todo servirá menos su piel. Scarlett Johansson interpreta a esta criatura camuflada en la piel de un ser humano que se da en recorrer las calles de Glasgow a bordo de una camioneta blanca, consiguiendo presas, usando su atractivo físico como cebo. Las víctimas son autoestopistas quienes, en su afán de tratar de ganarse a esta mujer, caen en la trampa.

Under the Skin no sería posible sin tres elementos que constituyen la puesta en escena del director. En su punto de partida, es un film con una trama sencilla, casi minimalista, pero compleja en su contenido y forma narrativa. El director apeló a un tipo de filmación casi documental para las búsquedas de las presas, utilizando una cámara oculta que le granjeo más de una dificultad durante el rodaje. Glazer consigue con esto gran parte de la tensión y de la textura surreal del acecho constante en manos de Johansson. El segundo punto constitutivo del film es su naturaleza elíptica y simbólica, hay muchas jornadas de cacería completas que otorgan ritmo a una historia en gran parte contemplativa y de carácter observacional. El director conjuga el acecho con la mirada curiosa, renovada y fresca de esta criatura, quien poco a poco va mejorando en su interacción con los seres que rapta, al tiempo que adquiere placer por el mundo donde se encuentra trabajando. Johansson mira el mar y la belleza, y lo primitivo se funde con una ciudad donde la fuerza de las olas, de la naturaleza toda, puede sentirse en el deseo de los hombres-presas, obnubilados por el poder de la criatura que todo lo atrae. Glazer trabaja entre líneas una temática sobre el elemento primitivo del deseo, del placer, del sadismo y de la satisfacción, emociones que se ponen en juego durante una cacería, tanto del lado de la presa como del lado del predador. Contrasta planos de ciudad con planos de la naturaleza, pintando una Escocia sumida en la bruma, una Escocia que se presenta salvaje y agreste (quizás un fallido en la visión de un director británico sobre los países conquistados por el reino al que pertenece).

El tercer elemento constitutivo de este film, es el registro actoral de Scarlett, quien con una sobriedad y parquedad aparente consigue un universo de sensaciones y de posibilidades para esta criatura, quizás el mejor papel de su carrera. Se construye como una actriz sacada de su zona de confort. Johansson, quien siempre con su pelo rubio y risa de niña ganó papeles sin vuelo alguno, en Under the Skin consigue demostrar que tiene algo más que decir por fuera de su imagen. Lo paradójico es que se dé en un film que versa, de forma solapada, sobre el valor de la apariencia y la percepción a nivel primitivo, engarzado con los sentimientos y la afección que pudiera provocar el enamoramiento de la propia imagen. Johansson, quien se la pasa en un saco de piel desgarbado y con un jean sin mucho atractivo, es puesta en abismo como con su cuerpo, no ya como elemento erótico sino trabajado como la contraparte material de la personalidad; Johansson/criatura mira su cuerpo desnudo descubriendo y completando su identidad al encontrase a sí misma como objeto de deseo y satisfacción propia. Planteado el dilema, este ser, esta criatura que rapta y consigue sus presas gracias a su atractivo físico, se encuentra con un hombre/ser a quien nadie mira, a quien nadie le habla (quizás un homenaje al hombre elefante de Lynch), deformado, lejos del atractivo y deseo sexual que le profesan todas sus presas, que la mira como mujer y más aún: como persona.

Con estos tres elementos, Glazer le plantea un dilema a su criatura y aquí surge la inevitable tragedia del cuerpo, que a su vez es un traje para el ser interplanetario, y se vuelve carne cuando una de sus presas, por fuera de la atracción sexual, la objeta como predadora haciéndole una caricia. El ser encarnado por Johansson se ve impelido por este gesto no esperado y su máscara, su traje, se le hace piel, se le hace carne. Seguirá con su ritual de cacería, pero no podrá concretarlo y liberará a su presa siendo descubierta por sus supervisores. Tendrá que huir cargando sentimientos y dilemas humanos, esta criatura ya no pertenece a su grupo pero no puede ser parte del grupo que ha acechado. En una secuencia que invierte los roles, el enamoramiento y el placer por el propio cuerpo hará que la predadora esté al acecho de sus compañeros. Durante su último aliento contemplará la belleza y el poder de una máscara que se encarnó, y será victima de la misma imagen con la que fue cazadora. Por esa misma imagen se convierte en presa; por esa misma imagen morirá.

Glazer completa esta historia recurriendo a un extrañamiento sonoro y la fotografía termina por meter al film bajo la piel. Mucho se ha dicho en alusión a Roeg, Gaspar Noé, se la ha calificado de “lyncheana” (adjetivo usado frecuentemente pero nunca con especificidad). Lo cierto es que si bien pueden hallarse similitudes en los recursos visuales y en la construcción de la banda sonora, Glazer consigue una puesta en escena que propia en la que se pueden leer influencias, sin caer en replicas o repitencias. Under the Skin es un film acético pero muy vasto en sus planteos filosóficos; Glazer consigue disparar sensaciones, planteos y sentimientos con escasos elementos narrativos, al tiempo que construye una imagen cuando menos compleja en lo que al género se refiere. Under the Skin eleva el discurso clásico de este género y abre la puerta para que Johansson habite un tipo de cine en el cual no la habríamos imaginado.